El martes 26 de noviembre de 2019 la vida de Fabiola cambió drásticamente. Mientras se dirigía con su hermana a un paradero de Portales Oriente, en San Bernardo, para tomar un bus de acercamiento a su trabajo en la empresa Carozzi, se convirtió en la segunda persona que quedó ciega por la represión policial tras el 18/O. El primero fue Gustavo Gatica.
Desde ese día, nada volvió a ser lo mismo para ella. Sobre todo, cuando los responsables y las instituciones no han estado a la altura para condenar a sus victimarios y por el contrario, han recibido hasta un trato preferente, sin ni siquiera existir sanciones administrativas que den cuenta del brutal daño causado.
Por eso, nos comprometimos a apoyarla y no la vamos a dejar sola ante un Estado que le está dando la espalda y seguiremos impulsando acciones que puedan llevar justicia a su causa y -en algo- dar un poco de tranquilidad a su nueva vida.
Por Fabiola, por Mario Acuña de Buin y por todas las víctimas de violaciones de los Derechos Humanos, no bajaremos los brazos y tocaremos todas las puertas que sean necesarias.








